martes, 20 de enero de 2015

LA FIGURA DEL NANO DE LA CAÑADA. Por VICENTE COTOLÍ IBAÑEZ.

LA FIGURA DEL NANO DE LA CAÑADA.

                Una anécdota…y por curiosear un litigio.


                                               Por VICENTE COTOLÍ IBAÑEZ.





Circunstancias especiales del azar me proporcionaron hace poco una bellísima fotografía, que me sirve de pretexto para dedicar estas líneas al libro de fiestas, ya que era objeto de curiosidad de los forasteros que visitaban La Cañada y ocasión frecuente a comentarios, más o menos cultos, de nuestro regocijado y bromista pueblo, una figura de piedra, que se encontraba en la finca de don Vicente Miguel Carceller, a la entrada del jardín y como fachada del mismo, adosada a la reproducción de dos fachadas de barracas, el Miguelete y un fragmento de La Lonja.

Nuestros antepasados la conocieron con la denominación de “El Nano del carrer d’En Llop», porque primero estuvo adosada al muro de la casa número 12 de aquella calle de En Llop”, en Valencia. Hoy tiene su domicilio en otro chalet de Montecañada, casa de Jose Luis Garcia Hernández.

Las gigantescas proporciones de aquella estatua que parecía sostener con sus hercúleos brazos la vetusta fachada de una casa de poca altura, y la posición del bien modelado torso, que ostentaba impúdicamente sus desnudeces, como haciendo alarde despectivo del transeúnte, llamó siempre la atención, ya que era blanco obligado de miradas, suponiendo que a alguna causa debió de obedecer el que se colocara allí aquel aditamento escultural, que a ningún motivo arquitectónico respondía.
Como a través de los tiempos se confunde la historia con la leyenda, no puedo asegurar si es verídica o imaginativa la breve narración que me hizo quien, por su edad y condiciones, podía muy bien asesorarme en este asunto, pero hechas mis averiguaciones, me han dado el siguiente resultado:



Esta famosa y popular figura, era conocida por «El Nano de la Caña». y pocos lectores que sobrepasan los cincuenta años no conocerán o han oído hablar de ella y hasta incluso la recordarán al leer estas líneas, pensando las mil cosas que se decía de ella, pues no en balde su propietario era el director de los populares periódicos «La Chala». «EL Clarin» y «El Fallero», pero vayamos a su historia, ya que antes fue «El Nano de el carrer d‘En Llop».
La anécdota curiosa se refiere. a que hubo un palacio en Valencia, perteneciente a la Linajuda familia de los Marqueses de Jura Real y Villatoya, situado en la entonces plaza de Emilio Castelar, que por exigencias de comodidad para la prolongación de calles, comenzó a derribarse en el mes de abril del año 1930. Su construcción venia hecha desde finales del siglo XVIII, en una época en que no se distinguía por sus primores artísticos, pero era costumbre tener estos edificios para albergar a las más ilustres familias de la aristocracia, y así lo realizó el arquitecto de la obra don Mauro Minguet, que no se preocupo más que de hacer un edificio grande y sólido. Para ello, su dueño, el M.I. Sr. D. Francisco Pascual Castillo Izco de Quiñones. Marqués de Jura Real, Regidor perpetuo de la clase de nobles y alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición de Valencia, tuvo que adquirir varias casas para levantar el palacio en su solar. Todo el ladrillo que se empleó en las obras se adquirió de Moncada, la piedra fue arrancada en las canteras de Paterna y Godella y todo el herraje (balcones, rejas y balaustres de la escalera) corrió a cargo del maestro herrero don Vicente Gumbau.

Quedó terminado alrededor del año 1770, y desde aquel primer dueño siempre estuvo vinculado a la familia de Castillo, aunque su último inquilino fuese el Fomento Industrial y Mercantil.



Parece ser, que al edificarse, el dueño adquirió el derecho a que no se elevara la casa en que luego se colocó la impúdica figura de espaldas, para que la parte lateral de su edificio, allí recayente, no careciera de luz. Pero andando los tiempos, se percató un día otro ilustre y distinguido vecino, que tenía su casa frente a la entonces iglesia de la Sangre. Que su habitación dormitorio era fisgoneada continuamente desde Ios  balcones del palacio, y trató de evitarlo comprando la casa que con la suya Iindaba por la parte trasera, al objeto de elevarla y evitar la fiscalización de que era objeto su domicilio.

AI intentar realizarla obra en su nuevo inmueble, tropezó con la oposición resuelta y decidida de su noble vecino, que se negó abiertamente a que se le privaran las luces y vistas a que tenía derecho. Entonces se entablo un litigio, y aquellas dos aristocráticas familias, cuyos vínculos de amistad hablan sido siempre afectuosos, adoptaron la actitud tirante y reservada propia de todos los que discuten sus derechos ante los Tribunales de Justicia. Y después de sendas actuaciones, y de fracasar varios intermediarios amistosos, se falló el pleito reconociendo sus derechos al dueño del palacio que, como he dicho los había adquirido al construirlo en 1770.

Aquella sentencia acabo de exasperar al linajudo señor de la calle de la Sangre, hasta el punto de romper tan ostensiblemente sus relaciones de amistad con el litigante contrario. que para perpetuar la ruptura  entre ambas familias, mando esculpir  en piedra, adosándola a su casa, a ras de suelo la figura de gran tamaño con la posición ofensiva para el prócer favorecido por la Ley.

Menos ofensivo el dueño del palacio, pero también resuelto, acepto la situación de hostilidad creada por el vencido. y como también era costumbre en estos casos. para que nadie dudara era también por su parte definitivo el rompimiento, mandó colocar una cruz en la pared lateral de su palacio, frente al expresivo coloso «Nano» que enseñaba sus desnudeces.

Después de transcurridos casi dos siglos, aún perduraba el odio entre las dos familias, y según cuentan, desaparecieron cuando se quitaron las señales cuando el señor Carceller, con satisfacción, domicilio el «Nano», en su finca de La Cañada.



Este señor, quiso que Ia figura de piedra tuviese un escenario valenciano bien destacado y la colocó, haciendo una serie de construcciones, que se reproducen en el grabado que se inserta, o sea, El Miguelete, de siete metros de altura, y el fragmento de La Lonja, con dimensiones que había un despacho en su interior, apareciendo el famoso «Nano» entre las fachadas de dos barracas valencianas, también condenadas a su desaparición; todo ello armonizando un conjunto que era muy agradable a Ia vista y le daba ilustre abolengo valenciano.

La inauguración oficial se verificó el domingo día 20 de Octubre de 1929, en la que hubo tracas. masclets, entrada de la murta, suelta de globos. Bailes populares. cancons valencianes. coloquis. y otras atracciones propias de la tierra, además de Ia murga «Los siete feos» y la pequeña banda de música que se formó con los separados de la Municipal de Paterna, en número de once, que actuó junto con otros de refuerzo de Valencia, dirigidos por el maestro don Antonio Cabeza.



Tan famosa resultó ser esta figura a los paterneros de aquella época, que, con humor, se le incluyó en e! programa de las fiestas organizadas por los Clavarios del Santísimo Cristo de la Fe y San Vicente Ferrer, en el año 1930. y a las ocho y media de la tarde del 30 de agosto, hacia su entrada en Paterna, bajando por carretera. Salieron a recibirle los clavarios a la plaza de las Eras, con la banda de cornetas y se organizó un pasacalle para llevar al «Nano como vecino más viejo de Ia localidad -ya que contaba con casi 200 años, a la Retreta, que se efectuó por la banda de trompetas del 3.° Regimiento ligero de Artillería y la presidió como homenaje a la vejez. También figuró en la cabalgata que se celebró a las cinco y media de la tarde del día siguiente, con la misma posturlta también visitó el ano 1931las fallas de Valencia, siendo huésped de honor de la de Burriana-Salamanca, y cuando volvió a ser colocada en apariencia, en su nuevo domicilio de La Cañada, se celebró con una fiesta, el 1.° de Mayo, por la mañana en la que efectuó un pequeño concierto la murga de la Peña La Fam, que dicho día hizo su presentación al pueblo de Paterna uniformada e instrumentada, dirigida por Vicente Belenguer recordado con cariño en Paterna por «El Tete».

Al Termino esta reseña aclarando que para estas fiestas no vino la figura autentica de «El Nano de Ia Caña». Si no una reproducción de la misma, hecha por el artista don Ricardo Llácer. ¿Qué como he averiguado todo esto? se preguntarán ustedes. Pues así, sencillamente, para que no se confunda la historia con la leyenda. Esta es la anécdota del popular «Nano», maestro del genio picaresco que en todo tiempo tuvo el carácter valenciano.


                                          VICENTE COTOLI, 1987.